- colección
-
El Jardín de Epicuro - Ficción
- autor
- Kiyoko Murata
- traducción
- Makiko Sese y Daniel Villa
- páginas
- 176
- edición
- Primera
- número
- 198
- ISBN
- 979-13-991047-5-2
Los que vuelan
Premio Tanizaki 2019
En una pequeña isla olvidada, que antaño prosperó debido a la industria pesquera y que hoy se hunde en la decadencia, sólo permanecen libres dos mujeres buceadoras, a las que la hija de una de ellas trata de sacar de allí. Ambas se sumergen a diario para ganarse el sustento.
Yōjyō, situada en el extremo del mar de Japón, cerca de las fronteras con Corea y China, recibe a veces barcos extranjeros y sufre un clima cada vez más hostil, agravado por los efectos del cambio climático. Aun así, las ancianas, de 92 y 88 años, se niegan a abandonar el remoto islote donde nacieron y donde sus hombres murieron tragados por las olas, cuyas almas perviven en la naturaleza, en cormoranes y otros animales que lo permean todo.
Llevan una vida sencilla, sostenida por una fortaleza silenciosa. Por la mañana trabajan los cultivos del acantilado, y el resto del tiempo alternan el buceo con rituales y bailes ancestrales, como si obedecieran los susurros del mundo en el que habitan, tratando de liberar sus almas. Sus vidas transcurren alejadas del resto del mundo, en los bellos paisajes de sus antepasados. Han elegido la libertad y vivir la vida de los que vuelan en sus bailes y bajo las olas.
La obra fue galardonada con el Premio Tanizaki, y su autora es una de las escritoras vivas más premiadas de Japón.
- colección
-
El Jardín de Epicuro - Ficción
- autor
- Kiyoko Murata
- traducción
- Makiko Sese y Daniel Villa
- páginas
- 176
- edición
- Primera
- número
- 198
- ISBN
- 979-13-991047-5-2
"Y cuando cierras el libro, comprendes que no has dejado atrás la isla; es ella la que ha decidido quedarse contigo"
"Murata se revela en Los que vuelan como una narradora atenta y con una extraordinaria capacidad para describir al detalle ese mundo de las pescadoras en vías de desaparición. Su prosa se hace eco de los rituales que permiten a sus habitantes conectar con el medio natural; también recupera antiguas canciones, producto de sincretismos ya olvidados. Las ancianas comprenden el lenguaje de la naturaleza y se presentan como el último baluarte de carne y hueso de un saber ancestral que, a pesar de haber recorrido generaciones, ahora se difumina en la bruma de la indiferencia social."
