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- colección
-
El Jardín de Epicuro - No Ficción
- autores
- Antístenes Diógenes de Sinope Crates de Tebas
- prólogo
- Gonzalo Torné
- traducción
- Marcos Brull
- editor
- Gonzalo Torné
- portada
- Beatriz Costo
- páginas
- 148
- edición
- Primera
- número
- 193
- ISBN
- 979-13-991047-0-7
Cinismo. La filosofía del perro
Aunque la tradición filosófica que se ha impuesto en Occidente pasa por el enfoque que definieron Sócrates, Platón y Aristóteles, sus enseñanzas tuvieron, antes de convertirse en canónicas, que imponerse a otras maneras de pensar y de vivir: la sofística, la retórica o la poesía. Entre todas ellas destaca por su inconformismo y osadía la filosofía cínica, la secta del Perro, que invitaba a sus discípulos a abandonar todos los bienes, dinero y tierras, y lanzarse a vivir por los caminos con un sayo y un bastón, alimentándose de lo que ofreciera la naturaleza y durmiendo en el suelo.
Pero, a diferencia de los mendicantes, los cínicos vivían con arrogancia, pues se sentían más cerca de la naturaleza y de los dioses que sus conciudadanos, libres de las esclavitudes del vientre, de las comodidades y del sexo; paseaban con orgullo su salud y una fuerza de voluntad capaz de deslumbrar a generales, reyes y emperadores. Antístenes, Diógenes y Crates se suceden (como en una suerte de dinastía laica) como figuras centrales de la secta del Perro, que, a diferencia de las escuelas de Platón y Aristóteles, prefieren filosofar no tanto con argumentos y razonamientos, sino con su ejemplo vital, practicando un modo de vida que reconocen superior.
Este libro recoge la obra de los cínicos, desperdigada en docenas de anécdotas (algunas de carcajada) y en las principales sentencias atribuidas a sus tres figuras principales, profundamente imbricadas en la vida ateniense. Sócrates, Alejandro Magno y Platón desfilan por estas páginas para debatir, aconsejar, discutir o dar réplica a los tres grandes cínicos, cada uno de éstos con su temperamento, pero todos con la misma convicción de dar ejemplo de un estilo de vida que desafía el conformismo de sus contemporáneos que es, ay, también el nuestro. Un festival de sabiduría y diversión.
- colección
-
El Jardín de Epicuro - No Ficción
- autores
- Antístenes Diógenes de Sinope Crates de Tebas
- prólogo
- Gonzalo Torné
- traducción
- Marcos Brull
- editor
- Gonzalo Torné
- portada
- Beatriz Costo
- páginas
- 148
- edición
- Primera
- número
- 193
- ISBN
- 979-13-991047-0-7
"Leído hoy, este libro funciona como un antídoto contra dos males contemporáneos: el cinismo vulgar —el del “todos mienten, da igual”— y la ingenuidad reputacional —creer que basta con comunicar bien para ser creíble—. Los cínicos antiguos no eran nihilistas: eran exigentes hasta el extremo. No desconfiaban de la verdad; desconfiaban de quienes la proclamaban sin vivirla.
Quizá no sea necesario dormir en el suelo ni renunciar a todo. Pero sí convendría recuperar algo del olfato del perro cínico: distinguir lo esencial de lo accesorio, ladrar cuando el discurso no cuadra con los hechos y recordar —con humor, si es posible— que la reputación no se gestiona: se merece.
En tiempos de inflación moral y sobreexposición, el cinismo vuelve a ser una filosofía peligrosa. Y por eso mismo, imprescindible"
"Gonzalo Torné ha editado en los últimos años, en Hermida Editores, sendas antologías comentadas de todas estas tendencias filosóficas, y ahora ha aparecido la dedicada a los cínicos. Para evitar que los lectores tengan más dudas, explicaremos que el origen de la palabra tiene que ver con kyon, que significa "perro", y el derivado kynicos, "cínico", equivale a "similar a un perro". Esto no tiene nada de despectivo, sino todo lo contrario: hoy todo el mundo acepta que los perros son unos animales prodigiosos, más inteligentes que la mayoría de los mamíferos (el hombre también es un mamífero), de una lealtad y fidelidad desconocidas entre los seres humanos, y casi elocuentes en muchos casos. Aún tienen más virtudes, que son las que la escuela cínica griega cogió como modelo de comportamiento: son seres ajenos a la historia ya la política, acomodan su vida en las leyes de la naturaleza, tienen una paciencia infinita, nunca tienen prisa y viven en una perfecta ataraxia (también palabra griega); es decir, se conforman con lo que tienen, viven en un estado permanente de imperturbabilidad y, si no son violentos de natural, conocen una serenidad (sofrosyne, también griego) absoluta. Se gobiernan solos, sólo con cuatro pautas de civismo que les enseñan los humanos."
"La presente edición de "Cinismo. La filosofía del perro" recupera con acierto una tradición filosófica que, pese a su aparente marginalidad, resulta hoy extraordinariamente pertinente. El trabajo de Torné no se limita a compilar materiales dispersos, sino que los ordena de manera que el lector perciba la coherencia interna de un pensamiento que, en su radicalidad, sigue interpelándonos.
En varios pasajes se anticipa, además, una idea que hoy resulta difícil ignorar: la destrucción del mundo no proviene de causas externas, sino de la ambición humana desmedida. Esta intuición, formulada hace más de dos mil años, adquiere en nuestra época una dimensión casi profética. Así lo leemos en la página 58, en un pasaje de notable claridad conceptual: "Tu ambición, en cambio, trae guerras y muertes, y tenéis que forzar al bosque y al mar a daros lo que necesitáis". Pocas veces la tradición clásica ha dialogado con tanta precisión con las urgencias del presente.
Esta edición de Hermida Editores no solo recupera el cinismo como objeto de estudio, sino que lo reactiva como una herramienta crítica de primer orden frente a nuestro tiempo"
"Los cínicos creían que la virtud era el único camino a la felicidad, y que los bienes materiales, el poder, o las influencias externas eran obstáculos para llegar a ella. Su falta de decoro y de delicadeza iba unida a una profunda sabiduría y sinceridad. Hasta nosotros ha llegado sobre todo la figura de Diógenes, por aquello de habitar un tonel, pero también por otra perversa inversión del significado: del mismo modo que el cínico original era todo lo contrario al cínico de ahora, el síndrome de Diógenes se conoce por uno de sus efectos, la acumulación de toda clase de objetos, cuando precisamente el cínico de quien hemos tomado el nombre prescindía absolutamente de todo lo que no fuese el equipo total de los perros: manto, bastón, zurrón, y ya está. La cuestión es que alguien creyó que otro efecto del síndrome que sufren sobre todo hombres de avanzada edad, el aislamiento, era un rasgo típico de Diógenes, pero tampoco. Muestra de ello es Cinismo. La filosofía del perro, el fantástico libro publicado por Hermida Editores con edición de Gonzalo Torné y traducción de Marcos Brull que recopila la escasa obra cínica que ha llegado hasta nosotros, en este caso, de sus tres principales referentes, Antístenes, Diógenes y Crates: cartas, sentencias y anécdotas protagonizadas por estos filósofos y por figuras de la talla de Alejandro Magno, Sócrates o Platón –blanco de muchas de sus mejores bromas y pullas, cuando no insultos–."
