- colección
-
El Jardín de Epicuro - No Ficción
- autor
- Lev Shestov
- prólogo
- Lev Shestov
- traducción
- Alejandro Ariel González
- páginas
- 216
- edición
- Segunda
- número
- 190
- ISBN
- 978-84-129499-9-5
Apoteosis de lo infundado. Intento de pensamiento adogmático
«Shestov es para mí el mejor historiador de la filosofía», Emil Cioran, entrevistado por Leonard Schwartz
Discípulo de Nietzsche y de Kierkegaard durante la época de escritura de este libro, y cautivado por los grandes autores de la novela rusa, el pensador Lev Shestov se inclinó por el fragmento y el aforismo para ensayar un difícil presente en el que las utopías morales, sociales y políticas han perdido credibilidad.
Este libro, traducido a varios idiomas y que ahora reeditamos ampliado con el apéndice con el que fue publicado en Francia sobre Shakespeare, contiene el germen de la obra que desarrollará a lo largo de sus siguientes libros. Ideas y observaciones, unas irónicas, otras más intempestivas, en las que no ahorra críticas al positivismo y las buenas intenciones de la razón secularizada, heredera de la Ilustración.
Shestov combatió nada más y nada menos que a la misma historia de la filosofía occidental, de la que dijo que no era más que una larga batalla entre la razón y la fe, entre el secularismo y la religión, entre Atenas y Jerusalén. Entre sus admiradores destacan pensadores de la talla de Edmund Husserl, Martin Heidegger, Emil Cioran, Georges Bataille, Albert Camus y Martin Buber.
- colección
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El Jardín de Epicuro - No Ficción
- autor
- Lev Shestov
- prólogo
- Lev Shestov
- traducción
- Alejandro Ariel González
- páginas
- 216
- edición
- Segunda
- número
- 190
- ISBN
- 978-84-129499-9-5
"Lev Shestov contra el presente totalitario. Su «Apoteosis de lo infundado» es un remedio necesario para un tiempo en el que lo dogmático es norma y la transgresión es ir incluso más allá en la estulticia maliciosa"
"Shestov censura a los filósofos que presumen de carecer de pasiones y aspiran es la verdad a abstracta pero que, como los demás seres humanos “teme, se alegra, ama, odia, se cansa, se despereza, dormita, incluso duerme como como los comunes mortales por mucho que utilicen palabras incomprensibles. Defiende que el auténtico investigador de la vida debe estar dispuesto incluso a sospechar de la lógica y a recurrir a conjuros como hicieron Dostoiesvki y Nietzsche”. O, por ejemplo, que las posibilidades que se abren ante el hombre en la vida son relativamente muy limitadas y que no es posible ver todo ni entender todo, ni remontarse demasiado alto sobre la tierra ni penetrar en sus profundidades que siempre permanecerán ocultas- (p. 56)"
